domingo, 21 de febrero de 2010

No soy un aculturado

Discurso del gran escritor peruano: JOSE MARIA ARGUEDAS, en el acto de entrega del premio "Inca Garcilaso de la Vega". Lima, Octubre de 1968.

"Acepto con regocijo el premio Inca Garcilazo de la Vega, porque siento que representa el reconocimiento a una obra que pretendió difundir y contagiar en el espíritu de los lectores el arte de un individuo quechua moderno que, gracias a la conciencia que tenía del valor de su cultura, pudo ampliarla y enriquecerla con el conocimiento, la asimilación del arte creado por otros pueblos que dispusieron de medios más vastos para expresarse.

La ilusión de juventud del autor parece haber sido realizada. No tuvo más ambición que la de volcar en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como un gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes –del amor de donde brota el arte-. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes. A mi me echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que impulsa.

Contagiado para siempre de los cantos y los mitos, llevado por la fortuna hasta la Universidad de San Marcos, hablando por vida el quechua, bien incorporado al mundo de los cercadores, visitante feliz de grandes ciudades extranjeras, intenté convertir en lenguaje escrito lo que era como individuo: un vinculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran nación cercada y la parte generosa, humana, de los opresores. El vínculo podía universalizarse, extenderse; se mostraba un ejemplo concreto, actuante. El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos naciones se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores expoliadores, o sea: que la nación vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tome la de los vencedores, es decir que se aculture. Yo no soy un aculturado; soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido. Por eso recibo el premio Inca Gracilazo de la Vega con regocijo.

Pero este discurso no estaría completo si no explicara que el ideal que intenté realizar, y que parece que alcancé hasta donde es posible, no lo habría logrado si no fuera por dos principios que alentaron mi trabajo desde el comienzo. En la primera juventud estaba cargado de una gran rebeldía y de una gran impaciencia por luchar, por hacer algo.Las dos naciones de las que provenía estaban en conflicto: el universo se me mostraba encrespado de confusión, de promesas, de belleza más que deslumbrante, exigente. Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico. No pretendí jamás ser un político ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido, pero fue la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud.

El otro principio fue el de considerar siempre el Perú como una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos, utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilazo, Tupac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4,000 metros; patos que habitan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo. Ojalá no haya habido mucho de soberbia en lo que he tenido que hablar; les agradezco y les ruego dispensarme."

jueves, 11 de febrero de 2010

TUPAC AMARU KAMAQ TAYTANCHISMAN (HAYLLI-TAKI) / A NUESTRO PADRE CREADOR TUPAC AMARU (HIMNO-CANCION)


A Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura, cuando yo era niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena. A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí por vez primera, la fuerza y la esperanza.

José María Arguedas

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Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites.

Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido por tu sangre, no muerto, gritando todavía.

Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra, en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.

Está cantando el río,
está llorando la calandria,
está dando vueltas el viento;
día y noche la paja de la estepa vibra;
nuestro río sagrado está bramando;
en las crestas de nuestros Wamanis montañas,
en su dientes, la nieve gotea y brilla.

¿En dónde estás desde que te mataron por nosotros?

Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar; escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos! Del movimiento de los ríos y las piedras, de la danza de árboles y montañas, de su movimiento, bebemos sangre poderosa, cada vez más fuerte. ¡Nos estamos levantando, por tu casa, recordando tu nombre y tu muerte!

En los pueblos, con su corazón pequeñito, están llorando los niños.
En las punas, sin ropa, sin sombrero, sin abrigo, casi ciegos, los hombres están llorando, más tristes, más tristemente que los niños.
Bajo la sombra de algún árbol, todavía llora el hombre, Serpiente Dios, más herido que en tu tiempo; perseguido, como filas de piojos.
¡Escucha la vibración de mi cuerpo! Escucha el frío de mi sangre, su temblor helado.
Escucha sobre el árbol de lambras el canto de la paloma abandonada,
nunca amada;
el llanto dulce de los no caudalosos ríos, de los manantiales que suavemente
brotan al mundo.

¡Somos aún, vivimos! (Kachqanirakmi)

De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre, hermano nuestro, mi Dios Serpiente. Ya no le tenemos miedo al rayo de pólvora de los señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto. ¡Somos todavía! Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que devora la paja madura, como las multitudes infinitas de las hormigas selváticas, hemos de lanzarnos, hasta que nuestra tierra sea de veras nuestra tierra y nuestros pueblos nuestros pueblos.

Escucha, padre mío, mi Dios Serpiente, escucha:
las balas están matando,
las ametralladoras están reventando las venas,
los sables de hierro están cortando carne humana;
los caballos, son sus herrajes, con sus locos y pesados cascos, mi cabeza,
mi estómago están reventando,
aquí y en todas parte;
sobre el lomo helado de las colinas de Cerro de Pasco,
en las llanuras frías, en los caldeados valles de la costa,
sobre la gran yerba viva, entre los desiertos.

Padrecito mío, Dios Serpiente, tu rostro era como el gran cielo, óyeme: ahora el corazón de los señores es más espantosos, más sucio, inspira más odio. Han corrompido a nuestros propios hermanos, les han volteado el corazón y, con ellos, armados de armas que el propio demonio de los demonios no podría inventar y fabricar, nos matan. ¡Y sin embargo, hay una gran luz en nuestras vidas! ¡Estamos brillando! Hemos bajados a las ciudades de los señores. Desde allí te hablo.

Hemos bajado como las interminables filas de hormigas de la gran selva. Aquí estamos, contigo, jefe amado, inolvidable, eterno Amaru.

Nos arrebataron nuestras tierras. Nuestras ovejitas se alimentan con las hojas secas que el viento arrastra, que ni el viento quiere; nuestra única vaca lame agonizando la poca sal de la tierra. Serpiente Dios, padre nuestro: en tu tiempo éramos aún dueños, comuneros. Ahora, como perro que huye de la muerte, corremos hacia los valles calientes. Nos hemos extendido en miles de pueblos ajenos, aves despavoridas.

Escucha, padre mío: desde las quebradas lejanas, desde las pampas frías o quemantes que los falsos wiraqochas nos quitaron, hemos huido y nos hemos extendido por las cuatro regiones del mundo. Hay quienes se aferran a sus tierras amenazadas y pequeñas. Ellos se han quedado arriba, en sus querencias y, como nosotros, tiemblan de ira, piensan, contemplan. Ya no tememos a la muerte. Nuestras vidas son más frías, duelen más que la muerte. Escucha, Serpiente Dios: el azote, la cárcel, el sufrimiento inacabable, la muerte, nos han fortalecido, como a ti, hermano mayor, como a tu cuerpo y tu espíritu. ¿Hasta donde nos ha de empujar esta nueva vida? La fuerza que la muerte fermenta y cría en el hombre ¿no puede hacer que el hombre revuelva el mundo, que lo sacuda?

Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el techo.

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega jamás. Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino.

Tranquilo espera,
tranquilo oye,
tranquilo contempla este mundo.
Estoy bien ¡alzándome!
Canto;
mismo canto entono.
Aprendo ya la lengua de Castilla,
entiendo la rueda y la máquina;
con nosotros crece tu nombre;
hijos de wiraqochas te hablan y te
escuchan
como el guerrero maestro, fuego
puro que enardece, iluminando.
Viene la aurora.
Me cuentan que en otros pueblos
los hombre azotados, los que sufrían,
son ahora águilas, cóndores de
inmenso y libre vuelo.
Tranquilo espera.
Llegaremos más lejos que cuanto tú quisiste y soñaste.
Odiaremos más que cuanto tú odiaste;
amaremos más de lo que tú amaste,
con amor de paloma encantada, de calandria.
Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo que tú no pudiste lo haremos nosotros.

Al helado lago que duerme, al negro precipicio, a la mosca azulada que ve y anuncia la muerte a la luna, las estrellas y la tierra, el suave y poderoso corazón del hombre; a todo ser viviente y no viviente, que está en el mundo, en el que alienta o no alienta la sangre, hombre o paloma, piedra o arena, haremos que se regocijen, que tengan luz infinita, Amaru, padre mío. La santa muerte vendrá sola, ya no lanzada con hondas trenzadas ni estallada por el rayo de pólvora. El mundo será el hombre, el hombre el mundo, todo a tu medida.

Baja a la tierra, Serpiente Dios, infúndeme tu aliento; pon tus manos sobre la tela imperceptible que cubre el corazón. Dame tu fuerza, padre amado.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Mensaje de Navidad


En estos tiempos de consumo y de época fuerte del mercado creo que es necesario recordar como dice un amigo sobre el excesivo consumismo de estos días y es que esto "... supone ya una nota de discriminación y de escarnio para los sin recursos, los que no tienen la posibilidad de consumir todo lo que el mercado navideño propone para celebrar satisfactoriamente esta fiesta." este comportamiento es justamente contrario al hecho de que Jésús nació pobre entre los pobres, y es desde esa pobreza que ese niño convertido en adulto es la expresión viva de la justicia y la paz. Este don de Dios que nos abre camino en nuestra humanidad, pues nos enseña con su vida a ser más humanos cada día, a dar con justicia al que no tiene.

Creo que la navidad nos invita al encuentro con Jesús diariamente, este tiempo de esperanza nos pide un cambio en nuestras vidas, pues no hay esperanza sin acciones. Este cambio de vida no se producirá sin este encuentro con Jesús. Encuentro que en varios momentos dificiles de mi vida he tenido, Él ha sido para mi motivo de alegría y como lo dicen las escrituras pues nos ha nacido un Salvador, no un Dios distante que nos ofrece una vida después de la muerte sino una salvación aquí en la tierra en medio de nuestra historia ya que se ha hecho uno de nosotros para compartir nuestra historia y que nos invita a vivir esa justicia y esa paz que nos enseñó. Un encuentro con el Señor siempre nos cuestiona y como dice otro buen amigo nos plantea la pregunta del ¿Qué vamos a hacer?. Espero que este año tengamos un momento de encuentro con Jesús y que sigamos sus enseñanzas, sobretodo que este encuentro los colme de alegría en sus vidas.

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!!!!

Saludos

Ricardo Alejos Garcia.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Hoy hace cuatro años

Hace cuatro años que se perdió el folder de una promesa.
Hace cuatro años que se nos terminó los comienzos.
Hace cuatro años que quedó en mi memoria tu rostro y tu voz.
Hace cuatro años que ese ramo esperó sobre la mesa.

Hace cuatro años que ese pacto se forjó.
Hace cuatro años que nos unió el crucificado.
Hace cuatro años que nunca te he encontrado.
Hace cuatro años que significó esa canción.

Hace cuatro años de un ir y venir.
Hace cuatro años de un salir a caminar.
Hace cuatro años de un subir y bajar las manos para almorzar.
Hace cuatro años de un inicio y un porvenir.

Hace cuatro años que tuvieron su fin.

martes, 24 de noviembre de 2009

Para un Loco que fue

Para ti loco

loco que cruzas el peligro de las carreteras
loco que comes del pan duro de la indiferencia
loco que vistes los harapos de la pobreza
loco que miras al vacío del porvenir

loco que sientes lo inhumano de la polución
loco que recoges la basura del progreso
loco que gritas a la sordera de lo justo
loco este mundo no tiene solución

loco cuidado!!!
loco cuidado!!!

- ¿Qué?

loco te han atropellado

- ¿Quién ha sido?

loco ha sido la cordura de un mercedes

sábado, 21 de noviembre de 2009

Andina

.
.
En la puerta de tu mundo
recibes con los brazos abiertos
al desfiladero profundo
del aroma de tus huertos

Y es ahí en ese cálido valle donde

Esperas sentada el destino que te aguarda
sentada sobre el marmol blanco del tiempo
tu sonrisa pícara le lanzas como pasatiempo
a ese adivino que tu suerte guarda

Y es ahí que esa cálida sonrisa

durará lo que dure la esperanza
durará lo que dure la ilusión
durará lo que dure una mirada
durará lo que dure una canción

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Para una Flor

.
.
De Bondad en el Corazón.
De Profundidad en su Alma.
De Alegria en su Rostro.
De Seriedad en su Entrega.
De Compromiso en su Fe.
De Esperanza en su Pais.
De Gratuidad en su Amistad.

En resumen
Para una Flor de Amor en la Vida.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Amada Extraviada


Es Viernes por la noche,
y la calle agresiva por las horas,
me hace recordar a cada paso,
que no estas conmingo,
en mi

Recorde que nunca puedo encontrarte completa,
plena,
infinita

A veces fria y reflexiva,
como filosofa de tiempos por venir,
como horas que no tienen fin,

A veces explosiva y lacerante,
como cólera de dolor de más de 500 años
como la venganza que clama aquel

Pero ahora que es tan tarde en las horas y en el tiempo,
en lo exacto y en lo propicio,
debo solo quedarme con el recuerdo de las emociones sentidas,
del querer que el tiempo pase para estar contigo
y compartir aquello que somos,
que fuimos y que queriamos ser

Nos unia el odio a este mundo
y el amor profundo por el que vendra,
nos unia los ideales que hombres enormes
y a la vez diminutos se esfuerzan en matar

Te quiero tanto hoy,
aquí en casa,
allá en la carretera,
allá en la sierra,
allá en Lince
frente al edificio recuerdas?,
allá en ese país frio,
si Amada allá en dónde estes.

Amada,
¿Cuándo te encontraré otra vez un viernes por la noche?,
y encuentre la dicha y el sosiego
que me ofreces en tus versos
o entienda de una vez por todas
que naciste feliz

Es viernes por la noche,
y la calle agresiva,
me hace recordar a cada paso
y en cada niño que pide monedas
que no estas conmingo,
en mi
.... sin ti

Amada,
¿Cuándo te encontraré al Fin?